martes, 28 de febrero de 2006

Odisea de Homero

La Odisea es un poema épico atribuido al griego Homero. Se cree que fue escrito hacia el siglo IX adC, en los asentamientos que Grecia tenía en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática).

Narra las aventuras del héroe griego de la guerra de Troya Odiseo (Ulises en latín). Comienza con la descripción de la casa de Odiseo en la isla de Ítaca, de Penélope su esposa, y de los pretendientes a su mano, por creer al héroe muerto.

Partes


[...]
Leer más...

lunes, 27 de febrero de 2006

Odisea de Homero- Final

Entonces dijo Odiseo su palabra a los esclavos y a su hijo:

«Vosotros entrad ya en la bien edificada casa y sacrificad para la cena el mejor de los cerdos, que yo, por mi parte, voy a poner a prueba a mi padre, a ver si me reconoce y distingue con sus ojos o no me reconoce por llevar mucho tiempo lejos.»

Así dijo y entregó a los esclavos sus armas, dignas de Ares. Estos entraron rápidamente en la casa, mientras que Odiseo se acercaba a la viña abundante en frutos para p [...]
Leer más...

Odisea de Homero- 14

Anfínomo se fue derecho contra el ilustre Odiseo y sacó la aguda espada por si podía arrojarlo de la puerta, pero se le adelantó Telémaco y le clavó por detrás la lanza de bronce entre los hombros y le atravesó el pecho. Cayó con estrépito y dio de bruces en el suelo. Telémaco se retiró dejando su lanza de larga sombra allí, en Anfínomo, por temor a que alguno de los aqueos le clavara la espada mientras él arrancaba la lanza de larga sombra o le hiriera al estar agachado. Echó a correr y llegó e [...]
Leer más...

Odisea de Homero- 13

Me voy a acostar como antes, cuando dormía noches insomnes, pues ya he descansado muchas noches en lecho miserable aguardando a Eos, de hermoso trono. Tampoco son agradables a mi ánimo los baños de pies; ninguna mujer tocará mi pie de las que te son servidoras en el palacio, si no hay alguna muy anciana y de sentimientos fieles que haya soportado en su ánimo tantas cosas como yo. A ésa no le impediría tocar mis pies.» Y se dirigió a él la prudente Penélope: «Huésped, amigo, pues jamás ha Ilegado [...]
Leer más...

domingo, 26 de febrero de 2006

Odisea de Homero- parte 12

Así habló, y al pasar a su lado, el insensato dio una patada a Odiseo en la cadera, aunque no consiguió echarlo fuera del camino, sino que éste se mantuvo firme. Entonces Odiseo dudaba entre arrancarle la vida saltando tras él con el palo o levantarle y tirarle de cabeza contra el suelo, pero se aguantó y se contuvo. El porquero, en cambio, se encaró con él y le reprendió, y levantando las manor suplicó así:

«Ninfas de la fuente, hijas de Zeus, si alguna vez Odiseo quemó en vuestro [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte 11

Así habló y el hijo de Néstor deliberó en su interior cómo cumpliría su palabra, como le correspondía. Mientras así pensaba, parecióle mejor volver sus caballos hacia la rápida nave y la ribera del mar. Así que puso en la popa los hermosísimos dones, vestidos y oro, que Menelao le había dado y apremiándole decía aladas palabras:

«Embarca enseguida y ordénaselo a tus compañeros antes que llegue yo a casa y se lo anuncie al anciano; tal como tiene de irritable el ánimo no lo dejará ir [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte X

CANTO XIII

LOS FEACIOS DESPIDEN A ODISEO.

LLEGADA A ITACA

Así habló, y todos enmudecieron en el silencio; estaban poseídos como por un hechizo en el sombrío palacio. Entonces Alcínoo le contestó y dijo:

«Odiseo, ya que has llegado a mi palacio de piso de bronce, de elevado techo, creo que no vas a volver a casa errabundo otra vez por mucho que hayas sufrido. En cuanto a vosotros, cuantos acostumbráis a beber en mi palacio el rojo vino de los an [...]
Leer más...

sábado, 25 de febrero de 2006

Odisea de Homero- parte 9

CANTO XII: LAS SIRENAS ESCILA Y CARIBDIS.

LA ISLA DEL SOL. OGIGIA

Cuando la nave abandonó la corriente del río Océano y arribó al oleaje del ponto de vastos caminos y a la isla de Eea, donde se encuentran la mansión y los lugares de danza de Eos y donde sale Helios, la arrastramos por la arena, una vez llegados. Desembarcamos sobre la ribera del mar, y dormidos esperamos a la divina Eos.

«Y cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana, la de dedos de rosa [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte 8

«Cuando se acercaron los demás les dije mi palabra:

«"Seguro que pensáis que ya marchamos a casa, a la querida patria, pero Circe me ha indicado otro viaje a las mansiones de Hades y la terrible Perséfone para pedir oráculo al tebano Ti­resias."

«A sí dije, y el corazón se les quebró; sentáronse de nuevo a llorar y se mesaban los cabellos. Pero nada consiguieron con lamentarse.

«Y cuándo ya partíamos acongojados hacia la nave y la ribe­ra del mar derramando [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte 7

CANTO IX

ODISEO CUENTA SUS AVENTURAS: LOS CICONES, LOS LOTÓFAGOS, LOS CÍCLOPES

Y le contestó y dijo el muy astuto Odiseo:

«Poderoso Alcínoo, el más noble de todo tu pueblo, en verdad es agradable escuchar al aedo, tal como es, se­mejante a los dioses en su voz. No creo yo que haya un cumplimiento más delicioso que cuando el bienestar perdura en todo el pueblo y los convidados escuchan a lo largo del palacio al aedo sentados en orden, y junto a ellos hay mes [...]
Leer más...

viernes, 24 de febrero de 2006

Odisea de Homero- parte 6

CANTO VII

ODISEO EN EL PALACIO DE ALCÍNOO

Y mientras así rogaba el sufridor, el divino Odiseo, el vi­gor de las mulas llevaba a la doncella a la ciudad. Cuando al fin llegó a la famosa morada de su padre, se detuvo ante las puertas y la rodearon sus hermanos, semejan­tes a los inmortales, quienes desuncieron las mulas del carro y llevaron adentro las ropas. Ella se dirigió a su habitación y le encendió fuego una anciana de Apira, la camarera Eurime­dusa, a la que trajer [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte V

CANTO V
ODISEO LLEGA A ESQUERIA

DE LOS FEACIOS

En esto, Eos se levantó del lecho, de junto al noble Titono, para llevar la luz a los inmortales y a los mortales. Los dioses se reunieron en asamblea, y entre ellos Zeus, que truena en lo alto del cielo, cuyo poder es el mayor. Y Atenea les recordaba y relataba las muchas penalidades de Odiseo. Pues se interesaba por éste, que se encontraba en el palacio de la ninfa:

«Padre Zeus y demás bienaventurados d [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte IV

Así dijo y despertó en todos el deseo de llorar. Lloraba la ar­giva Helena, nacida de Zeus, y lloraba Telémaco y el Atrida Menelao. Tampoco el hijo de Néstor tenía sus ojos sin llanto, pues recordaba en su interior al irreprochable Antíloco, a quien mató el ilustre hijo de la resplandeciente Eos. Y acor­dándose de él dijo aladas palabras:

«Atrida, decía el anciano Néstor cuando lo mentábamos en su palacio, y conversábamos entre nosotros, que eres muy sen­sato entre los mortales. Con [...]
Leer más...

Odisea de Homero- parte III

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA

PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE


Llegaron éstos a la cóncava y cavernosa Lacedemonia y se encaminaron al palacio del ilustre Menelao. Lo en­contraron con numerosos allegados, celebrando con un banquete la boda de su hijo e ilustre hija. A su hija iba a enviar­la al hijo de Aquiles, el que rompe las filas enemigas; que en Troya se la ofreció por vez primera y prometió entregarla, y los dioses iban a llevarles a término l [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 12

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez


Deslumbrada por tantas y tan maravillosas invenciones, la gente de Macondo no sabía por dónde empezar a asombrarse, Se trasnochaban contemplando las pálidas bombillas eléctricas alimentadas por la planta que llevó Aureliano Triste en el segundo viaje del tren, y a cuyo obsesionante tumtum costó tiempo y trabajo acostumbrarse. Se indignaron con las imágenes vivas que el próspero comerciante don [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 11

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

El matrimonio estuvo a punto de acabarse a los dos meses porque Aureliano Segundo, tratando de desagraviar a Petra Cotes, le hizo tomar un retrato vestida de reina de Madagascar.
Cuando Fernanda lo supo volvió a hacer sus baúles de recién casada y se marchó de Macondo sin despedirse. Aureliano Segundo la alcanzó en el camino de la ciénaga. Al cabo de muchas súplicas y propósitos de enmienda logr [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 3.5

...lugares de la casa, estaba segura de hacer tarde o temprano el daguerrotipo de Dios, si existía, o poner término de una vez por todas a la suposición de su existencia. Melquíades profundizó en las interpretaciones de Nostradamus. Estaba hasta muy tarde, asfixiándose dentro de su descolorido chaleco de terciopelo, garrapateando papeles con sus minúsculas manas de gorrión, cuyas sortijas habían perdido la lumbre de otra época. Una noche creyó encontrar una predicción sobre el futuro de Macondo. [...]
Leer más...

miércoles, 22 de febrero de 2006

Bichito de la humedad en el rincón

Hombre que supo carecer de un interés por lo diminuto, Laberíntico Simple. Pero una mañana, va y se levanta, y antes de mirarse al espejo, de mientras se lavaba la cara en la palangana, ve una cosa que se mueve en un rincón. Era una cosa menuda, como quien dice una cosita. Nada como pa salir corriendo, ni pa llamar a los vecinos, pero cuando uno ve que algo se mueve, y más si se mueve en un rincón, y si no es común que algo se mueva en ese rincón que uno conoce, porque es uno más de los rincones [...]
Leer más...

domingo, 05 de febrero de 2006

Cien años de Soledad- 10

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

X.
Años después, en su lecho de agonía, Aureliano Segundo había de recordar la lluviosa tarde de junio en que entró en el dormitorio a conocer a su primer hijo. Aunque era lánguido y llorón, sin ningún rasgo de un Buendía, no tuvo que pensar dos veces para ponerle nombre.
-Se llamará José Arcadio -dijo.
Fernanda del Carpio, la hermosa mujer con quien se había casado el año anterior, [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 9

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

IX.
El coronel Gerineldo Márquez fue el primero que percibió el vacío de la guerra. En su condición de jefe civil y militar de Macondo sostenía dos veces por semana conversaciones telegráficas con el coronel Aureliano Buendía. Al principio, aquellas entrevistas determinaban el curso de una guerra de carne y hueso cuyos contornos perfectamente definidos permitían establecer en cualquier momento e [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 8

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

VIII.
Sentada en el mecedor de mimbre, con la labor interrumpida en el regazo, Amaranta contemplaba a Aureliano José con el mentón embadurnado de espuma, afilando la navaja barbera en la penca para afeitarse por primera vez. Se sangré las espinillas, se corté el labio superior tratando de modelarse un bigote de pelusas rubias, y después de todo quedó igual que antes, pero el laborioso proceso le [...]
Leer más...

sábado, 04 de febrero de 2006

Cien años de Soledad- 7

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

VII.
En mayo terminó la guerra. Dos semanas antes de que el gobierno hiciera el anuncio oficial, en una proclama altisonante que prometía un despiadado castigo para los promotores de la rebelión, el coronel Aureliano Buendía cayó prisionero cuando estaba a punto de alcanzar la frontera occidental disfrazado de hechicero indígena. De los veintiún hombres que lo siguieron en la guerra, catorce mur [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 6

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

VI.
El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Sobrevivió a una carga de estricnina [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 5

Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

V.
Aureliano Buendía y Remedios Moscote se casaron un domingo de marzo ante el altar que el padre Nicanor Reyna hizo construir en la sala de visitas. Fue la culminación de cuatro semanas de sobresaltos en casa de los Moscote, pues la pequeña Remedios llegó a la pubertad antes de superar los hábitos de la infancia. A pesar de que la madre la había aleccionado sobre los cambios de la adolescencia, [...]
Leer más...

jueves, 02 de febrero de 2006

Cien años de Soledad- 4

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

IV.
La casa nueva, blanca como una paloma, fue estrenada con un baile. Úrsula había concebido aquella idea desde la tarde en que vio a Rebeca y Amaranta convertidas en adolescentes, y casi puede decirse que el principal motivo de la construcción fue el deseo de procurar a las muchachas un lugar digno donde recibir las visitas. Para que nada restara esplendor a ese propósito, trabajó coma un gale [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 3

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

III.
El hijo de Pilar Ternera fue llevado a casa de sus abuelos a las dos semanas de nacido. Úrsula lo admitió de mala gana, vencida una vez más por la terquedad de su marido que no pudo tolerar la idea de que un retoño de su sangre quedara navegando a la deriva, pero impuso la condición de que se ocultara al niño su verdadera identidad. Aunque recibió el nombre de José Arcadio, terminaron por l [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 2

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

II.
Cuando el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha, en el siglo XVI, la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó tanto con el toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido. Las quemaduras la dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida. No podía sentarse sino de medio lado, acomodada en cojines, y algo extraño deb [...]
Leer más...

Cien años de Soledad- 1

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

I.
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. E [...]
Leer más...
 
Los contenidos de esta bitácora están bajo la licencia de Creative Commons